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Los cúmulos globulares están
generalmente compuestos por cientos de miles de estrellas viejas,
de manera parecida al bulbo de una galaxia espiral, pero confinadas
en un volumen de sólo unos pocos parsecs cúbicos.
Algunos cúmulos globulares (como Omega Centauri en la
Vía Láctea), y G1 en M31) son extraordinariamente
masivos, del orden de varios millones de veces la masa solar.
Otros, como M15, tienen núcleos extremadamente masivos,
lo que hace sospechar la presencia de agujeros negros en sus
centros.
Con unas pocas excepciones notables,
cada cúmulo globular parece tener una edad definida. Es
decir, todas las estrellas de un cúmulo globular están
aproximadamente en la misma etapa de su evolución estelar,
sugiriendo así haberse formado al mismo tiempo. Fue el
reconocimiento de este hecho, estudiando los diagramas Hertzsprung-Russell
de cúmulos globulares, lo que dio lugar a una primera
teoría de evolución de las estrellas.
Los cúmulos globulares poseen
una densidad estelar muy alta, de manera que existen fuertes
interacciones entre sus estrellas componentes y suelen ocurrir
colisiones con relativa frecuencia. Algunos tipos exóticos
de estrellas, como las azules rezagadas (errantes azules), los
púlsares milisegundo y las binarias de poca masa emisoras
de rayos X son mucho más frecuentes en los cúmulos
globulares. |